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Slow Yoga, conserva la tradición

Se han creado muchos estilos de Yoga supongo que con la buena intención de enriquecer la práctica. Sin embargo muchos de ellos no solo imprimen demasiada velocidad sino que exigen realizar verdaderas proezas corporales.

El placer de una práctica lenta te permite consciencia de ti, de tu cuerpo, de tu respiración.

En general el slow yoga o yoga lento se lo asocia a personas mayores o con problemas físicos cuando en realidad es una práctica magnífica para todos. Se practica igual que una clase típica de hatha yoga solo que de manera más lenta. Es decir sostienes más las asanas mientras prestas atención a la postura física para mejorarla, a la respiración para acompañarla  incluso mientras repites un mantra.

Después de tantos años de enseñanza y de práctica personal he llegado a la conclusión de que este es mi estilo favorito de Yoga.

De hecho lo he “creado”, aunque muchos utilicen ya  la misma denominación. Consiste en una práctica fluida que ofrece siempre la posibilidad de elegir si repites un ciclo con la asana básica o avanzas en el nivel de dificultad. . .

La respiración no sigue una pauta específica más que la de inhalar y exhalar, esto te permite acompañar el movimiento físico con la respiración sin trabarte por tener que activarla de una determinada manera.

También trabaja la voz, tan importante para destrabar bloqueos.

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